Los victorianos que inventaron la Navidad

El arbolito, las canciones navideñas, las guirnaldas y lucecitas, todas esas tradiciones las heredamos de esta gente del siglo XIX: Los victorianos que inventaron la Navidad.

Cuando llega esta época del año y Mariah Carey empieza a sonar en loop en nuestras playlist, mercadolibre nos sugiere arbolitos de plástico carísimos o empezamos a comer comidas super calóricas en pleno verano, siempre surge la misma pregunta: “¿Por qué?” Y la respuesta más fácil siempre es “Porque nos venden todo desde Estados Unidos” Bueno sí, pero antes de echarle la culpa a la industria navideña de Hollywood, tenemos que remontarnos a otro continente, varios siglos atrás.  Si quieren enojarse con alguien, que sea con los Victorianos.

Los Victorianos y el pasado

Este período de la historia se llama así porque abarca los años del larguísimo reinado de la reina Victoria, durante el auge del Imperio Británico, la mega potencia mundial de aquellos días. Era un tiempo de muchos avances tecnológicos, máquinas a vapor, explosión demográfica, fábricas y condiciones de vida insalubres para las clases bajas. Un cambio total en lo que había sido la vida británica y Europea hasta ese momento. En este contexto  es cuando surge la figura del anticuario o los recopiladores: Estos historiadores, muchos de ellos, amateurs y no muy accurate en su trabajo, buscaban volver a las tradiciones antiguas y rurales de Gran Bretaña: devolverla a sus orígenes pre-romanos. La Navidad, como la conocemos hoy, se la debemos en gran medida a estas personas del siglo XIX, al surgimiento de la identidad nacional y a la romantización que hicieron ellos de esta fiesta. Pero volvamos un poco más en el tiempo.

Los victorianos tenían una fascinación por la modernidad y a su vez buscaban volver a las tradiciones del pasado.


Los orígenes paganos de las tradiciones de Navidad


Antes de la llegada de los romanos a las islas, las diferentes tribus celtas de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda realizaban grandes festivales durante el solsticio de invierno, que coincide con la fecha que la Iglesia estableció para la Navidad. Los druidas, sacerdotes y sabios de los celtas, tenían especial veneración por el acebo y el muérdago. Estas plantas eran consideradas sagradas por mantenerse verdes durante todo el año. Las personas las colgaban en los dinteles de las puertas, para protegerse de los malos espíritus e invitar a las hadas a dormir en ellos, hasta la llegada de la primavera. ¿Les suena? Bueno, los victorianos revolvieron un poco hasta dar con esta costumbre, casi olvidada y la pusieron de moda otra vez.

Lo que hicieron fue resignificarla, desde su perspectiva y convertirla en una tradición. El acebo, con sus hojas en punta verdes pasó a representar las espinas de la corona de Cristo y los frutos rojos, su sangre. Para los celtas estas plantas eran símbolo de la reencarnación, de los ciclos de la naturaleza y sus dioses paganos. Pero los victorianos decidieron que encajaba justo como metáfora de la vida eterna y quedó. Hoy diríamos que hicieron un rebranding. 

Los victorianos romantizaban el pasado druídico de las islas británicas y lo reflejaban en su literatura y pintura.

La Edad Media y la Prohibición de la Navidad

Hay que tener en cuenta, que para el 1800, ya casi nadie festejaba la Navidad. Era una fiesta más del año litúrgico, como la Pascua, porque todo lo que hacía divertida a esta celebración había sido prohibido unos años antes. No, todavía no había ni villancicos ni árboles, ni regalos. Desde la edad media, hasta los reinados de Enrique VIII y su hija Isabel I, el festival de la Navidad era más bien parecido a un carnaval: Fiestas en las calles, disfraces, bromas a la autoridad; se desdibujaban un poco las líneas entre las clases sociales y eso a la Iglesia no le gustaba mucho. De hecho, la costumbre de cantar de casa en casa, surgió en esta época, pero las letras de los primeros carols no eran muy family friendly, por decirlo de alguna manera.

En los altares seguía siendo la fiesta de la natividad pero afuera, sobrevivían las costumbres paganas de los pueblos antiguos.

Todo eso se cortó con la llegada de la reforma protestante. Oliver Cromwell y el ascenso de los puritanos al poder, que buscaban purgar de costumbres heréticas al cristianismo, llevaron a que durante casi veinte años, las Navidades fueran prohibidas por ley. Hubo disturbios en las calles y finalmente fue restablecida, pero sus costumbres cayeron en desuso. En cierta forma, los puritanos ganaron su guerra contra los festivales de invierno y la Navidad se transformó en una fiesta de recato y devoción. 

Los «mummers» eran grupos que se disfrazaban para cantar a cambio de alcohol y comida durante las navidades medievales.

El resurgimiento de la Navidad


El año clave para la Navidad, tal y cómo la conocemos, es 1843. Recuerden, todo se lo debemos a los victorianos. En mayo, un Lord encargó al artista John Calcott diseñar la primera tarjeta de Navidad que mostraba una gran cena familiar. Poco tiempo después, salió a la venta la primera recopilación de villancicos y tradiciones navideñas y, unos días antes de la Nochebuena, un señor – que van ver que nombro mucho en esta página –  publicó un pequeño libro de tapa roja que cambiaría para siempre la forma en que vemos esta época del año. Su nombre era Charles Dickens, y su libro “Una Canción de Navidad”

La primera tarjeta de Navidad, diseñada por John Calcott.

El autor de Oliver Twist y otras novelas era una estrella. Pocos escritores disfrutaron tanto el éxito y la fama en vida como él. Dicen que escribía en su cabeza, mientras caminaba por los barrios bajos de Londres y que por eso sus historias reflejan los sufrimientos y esperanzas del pueblo como nadie. Filántropo y actor, Dickens era además un fanático de la Navidad, cuando ya casi nadie la festejaba él organizaba fiestas para sus hijos y amigos. Hoy, cuando releemos su libro o vemos alguna adaptación, esas escenas tan navideñas nos dan una sensación de familiaridad y nostalgia; pero antes de  1843, no se acostumbraba ni comer pavo, ni pudín, ni cantar villancicos, ni hacer buenas obras o caridad. Todo eso, fue producto de su imaginación.

Dickens es, literalmente, el hombre que inventó la Navidad.

El veía este tiempo ya no como una festividad religiosa, sino como una oportunidad para frenar la vorágine del año, reunirse con amigos y mirar al prójimo. Su obra es, además, una denuncia social que resuena hasta nuestros días. 

El bestseller de Dickens marcó un antes y un después en las celebraciones navideñas.

El fantasma de las Navidades Presentes, que visita a Scrooge, ese gigante barbudo y alegre, influyó mucho en la iconografía de lo que hoy conocemos como Santa Claus, que es a su vez una mezcla del Odín nórdico con el San Nicolás católico.

A Dickens también le debemos la frase “Merry Christmas”. Él prefería “merry” porque sonaba más poética y antigua que “happy”. Los estadounidenses de aquel entonces, un poco como nosotros ahora con ellos, admiraban todo lo que viniera de Europa. Entonces, cuando “A Christmas Carol” se volvió un bestseller, en Estados Unidos empezaron a desearse “Merry Christmas” porque creían que esa era la costumbre inglesa. Coca-Cola y Hollywood se encargaron de masificarla tiempo después, a pesar de que los británicos siguen diciendo “Happy Christmas” hasta el día de hoy. 

En mi lista de las 25 películas para ver en Navidad, hay varias versiones del clásico de Dickens.

Las ilustraciones originales a color que Dickens encargó a John Leech, raras para esa época, convirtieron al libro en un objeto de colección.

El árbol de la reina Victoria

Pero no podemos hablar de los victorianos, sin referirnos a ella, la reina que le da nombre a este período, quien además era una ferviente lectora de Dickens e hizo grandes donaciones luego de ser conmovida por la historia de Tiny Tim. La Reina Victoria y su esposo, el Príncipe Alberto, buscaban proyectar una imagen de familia real modelo, que sirviera como ejemplo a la sociedad. A ellos debemos, en gran medida, muchas estructuras que hoy cuestionamos como el rol de la mujer, la maternidad, etc. Pero volviendo a la Navidad, tanto Victoria como Alberto provenían de dinastías alemanas y fue gracias a su retrato familiar, que se popularizó en Inglaterra – y por ende, en todo el planeta – la costumbre germana de decorar árboles para la Navidad. Otra tradición pagana, del festival de Yule nórdico, que los victorianos decidieron adoptar. 

Diciembre de 1848: La Reina Victoria, el Príncipe Alberto y sus hijos decoran el primer árbol de Navidad en el palacio de Buckingham

Por eso, si alguien te dice que tal o cual costumbre es producto de un plan para imponernos su cultura, por lo pronto es un poco tomado de los pelos. Y si alguno de esos a los que les gusta apuntar con el dedo, te dice “Es tiempo de volver a los valores de la familia tradicional” respondeles “¿Cuáles, los que inventaron los victorianos?»

Las tradiciones van cambiando y pierden o refuerzan su significado en la medida que sepamos de dónde vienen y sigan simbolizando algo para nosotros. Vayan y decoren sus casas con guirnaldas de ramas sintéticas y pongan Mariah a todo volumen. Ahora que saben qué significa todo esto que amamos, sólo falta hacerlo propio, como hicieron los victorianos, hace casi 200 años.


Bonus: Dickens, que curró bastante con la Navidad después del éxito de Canción de Navidad. En 1850 escribió un ensayo donde describe a “un lindo nuevo juguete alemán” titulado “Un árbol de navidad” Se los dejo para que lo lean: https://elbuenlibrero.com/un-arbol-de-navidad/

Comments

  1. Leslie Kelly Responder

    Me gustó mucho el artículo.
    Los victorianos nos dejaron un tremendo legado.
    No sabía el detalle del origen de la celebraci6de la navidad, hasta hoy aseguraba que erA exclusivamente alemana.
    Muchas gracias.

  2. Priscila P Responder

    Excelente artículo. Me hizo recordar mucho a la película de Young Victoria y como fue un avance en ese periodo de la revolución industrial y como Londres se convirtió en un centro de manufacturas

  3. Pati Responder

    Muy buen artículo, Lisandro. No tenía idea de esta historia. Gracias.
    Es un detalle solamente, creo que no es necesario usar palabras en inglés como accurate u otras, el español es muy rico.

  4. Pingback:25 películas para ver en Navidad - Cine y Series El Editor

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